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‘Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros’: Divertida incoherencia

Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros

Adaptación de la novela homónima de Seth Grahame-Smith que muestra al presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln en sus años jóvenes, como un Cazador de Vampiros que busca venganza.

Que el Mundo del Cine lleva años carente de ideas no es un secreto para nadie. Por ello, las adaptaciones de videojuegos, juguetes, libros y las segundas, terceras y cuartas partes están a la orden del día.

No sorprende, por tanto, que el decimosexto Presidente de los Estados Unidos pase por la Batidora del Séptimo arte, aunque sí que lo haga como efectivo y letal Cazador de Vampiros.

La Novela de Seth Grahame-Smith se convierte en la nueva película del Director Kazajo Timur Bekmambetov , un experto en Serie Z con ínfulas y presupuesto, ésta vez acompañado, además, de Tim Burton en las labores de producción que –imaginamos-, no querría capitanear el Barco después de sus últimos y descafeinados filmes.

Antes de continuar, recalcar un hecho muy importante: las aventuras de Lincoln, hacha en mano, son muy divertidas. En ningún momento de su hora y tres cuartos echaremos mano al reloj e incluso –un par de veces-, contemplaremos secuencias vanguardistas que quedarán para el recuerdo de este año repleto de vaivenes cinematográficos.

Pero, el principal problema de ‘Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros’, es que intenta ser trascendente, y también intenta ser coherente, intercalando hechos de la vida ‘real’ del Presidente con la cruenta y movida trama de los chupasangre.

Y ahí, la película zozobra y pierde todo su interés, alejándose del mero vehículo de entretenimiento. Perdida en una gravedad que ni tiene ni sabe manejar.

Aunque esforzados, los actores principales carecen de carisma, y el Relato del Lincoln ‘Presidente’, es un tremendo pestiño plagado de estupideces y tópicos, que trivializa hechos tan importantes para la historia americana como la esclavitud.

Por suerte, Bekmambetov no da para más cuando se pone serio, y los momentos hilarantes, pasados de rosca, hacen que valga la pena pasarte por el forro la historia y el recuerdo del Presidente más importante en la historia de los Estados Unidos.

Habrá que esperar a Daniel Day-Lewis y Spielberg para tener un Lincoln que recordemos. Mientras tanto, cuidadito con el Presidente, que igual te firma un Decreto trascendente como te separa, vía mortal tajo, la cabeza del cuerpo.

Lo mejor: Algunas escenas de acción quedarán para el recuerdo.

Lo peor: Intenta trascender sin las herramientas necesarias.

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