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‘Baby Driver’, atraco musical a 10.000 r.p.m.

Baby, un joven y talentoso conductor especializado en fugas, depende del ritmo de su banda sonora personal para ser el mejor en lo suyo. Cuando conoce a la chica de sus sueños, Baby ve una oportunidad de abandonar su vida criminal y realizar una huida limpia. Pero después de haber sido forzado a trabajar para un jefe del crimen deberá dar la cara cuando un malogrado golpe amenaza su vida, su amor y su libertad.

De los títulos comerciales, ‘Baby Driver’ es sin duda una de las más interesantes sorpresas de la cartelera estival. Una película de atracos rodada al ritmo frenético de quemar las ruedas de un Subaru WRX rojo o de hasta una locomotora haciendo trompos si fuese menester. Persecuciones impecables, mucho trabajo de chapa y pintura, y motores destrozados, para un grupo de ladrones de bancos que ansían su gran golpe final. Bien es cierto que hasta aquí hay unas cuantas películas que pueden coincidir con la descripción.

Lo que la hace diferente y original es la estructura del relato fílmico supeditada a una recopilación musical estricta y sensacional. Hasta el punto de que su director, Edgar Wright (‘Bienvenidos al fin del mundo’, ‘Zombies Party (Una noche… de muerte)’, ‘Scott Pilgrim contra el mundo’), trabaja la banda sonora musical y los efectos de sonido como si de un personaje más de la historia se tratase. A ello se le suman las magníficas coreografías y algún plano-secuencia formidable que hacen que pueda estar mano a mano con el género musical.

No se trata de ‘Moulin Rouge’, ‘Los Miserables’, o ‘La bella y la bestia’, por citar algún ejemplo. Sino de utilizar las canciones para que los actores canten (no mucho, cierto es, pero cantan), para que los proyectiles se disparen a ritmo de la percusión, o para que las imágenes bailen según la partitura de lo que suena en la sala. Por otro lado, para este último detalle, es necesario una coreografía estricta y magníficamente programada. Y aquí tenemos el musical… peculiar, pero con propia identidad.

Referente al equipo de humano, aunque el peso recae en el polifacético actor, cantante y dj Ansel Elgort (‘Bajo la misma estrella’, la saga ‘Divergente’, ‘Hombres, mujeres & niños’), interpretando al joven conductor melómano, cabe destacar el genial conjunto coral con que se mantiene el filme.

Kevin Spacey (‘Sospechosos habituales’, ‘American Beauty’, L.A. Confidential’), Lily James (‘Cenicienta’, ‘Orgullo + Prejuicio + Zombis’, ‘Ira de titanes’), Jamie Foxx (‘Django desencadenado’, ‘Collateral’, ‘Ray’), junto a Jon Bernthal, Eiza González y Jon Hamm, componen los instrumentos perfectamente armonizados para un guion y una producción musical excelentes.

Entre persecuciones, canciones, tiros y guiños a otras películas (en concreto el de ‘Monstruos S.A.’), ‘Baby Driver’ conserva su frescura y logra transmitir en buenas dosis humor y drama, suspense y acción, o amores y desencuentros, que nos hacen disfrutar de todos y cada uno de los planos con los que se construye, gracias a un guion consecuente y un resultado totalmente convincente.

Lo mejor: la coordinación entre actores, música, coreografías y dirección, un espléndido ejercicio audiovisual para todos los sentidos. Y sobre todo ese estupendo homenaje a los profesionales de la música con el montaje del tema «Was he slow?»

Lo peor: la historia… pero no es necesario desarrollarla más.

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