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‘Roman J. Israel, Esq.’, dudosa praxis

Roman J. Israel, Esq. se sitúa en el lado oculto del saturado sistema penal de Los Ángeles. Un abogado defensor idealista y con vocación, cuya vida cambia drásticamente al fallecer su mentor, un ícono de los derechos civiles. Cuando es contratado por una empresa dirigida por uno de los antiguos estudiantes del legendario hombre, el ambicioso abogado Geoge Pierce, y comienza una amistad con una joven luchadora por la igualdad de derechos, una turbulenta serie de eventos desafían el activismo que siempre ha definido la carrera de Roman.

Con cierto retraso llega a las pantallas esta coproducción americana, china y árabe sobre la abogacía, que supuso la nominación de su protagonista como mejor actor en la pasada edición de los premios de la Academia de Hollywood.

Dan Gilroy (‘Nightcrawler’), escribe y dirige con cierto temple la curiosa historia de un abogado fiel a sus convicciones que trabaja desde un segundo plano en la defensa de sus clientes y de sus ideales.

Con el rimbombante nombre ‘Roman J. Israel, Esq.’ (esquire viene a significar don, a mitad de camino entre caballero y señor, como tratamiento de respeto), se presenta a este minucioso y concienzudo jurista, conocedor impecable del sistema legislativo americano, anteponiendo su propia demanda contra sí mismo por el delito de mala praxis.

Como en una partida de ajedrez cuyos dos contrincantes son la misma persona, este revolucionario legal aprovecha su conocimiento de las leyes en su propio beneficio. Denzel Washington (‘Fences’, ‘El vuelo’, ‘El fuego de la venganza’), construye una interpretación muy sólida y minuciosa, como es habitual en él, sobre un personaje marginal y solitario. Con una memoria prodigiosa, su causa final es la de elevar el ejercicio de la abogacía al activismo de la jurisprudencia.

Carmen Ejogo (‘Selma’, ‘Anarquía: La noche de las bestias’, ‘Animales fantásticos y dónde encontrarlos’), es el personaje femenino que saca a Roman de su letargo de “detrás de las cortinas”, provocando en él, además del interés por luchar de nuevo contra la injusticia social y la indiferencia penal, un nuevo renacer social.

Colin Farrell (‘Animales fantásticos y cómo encontrarlos’,‘Última llamada’, ‘Minority Report’), es el lobo agresivo que pretende llevar a su bufete de abogados a lo más alto, y necesita de la memoria prodigiosa del protagonista para llegar a culminar su meta.

Los tres personajes de ‘Roman J. Israel, Esq.’ hacen funcionar más que correctamente esta interesante historia dramática y con cierto aire de suspense sobre este excelente abogado enjaulado en su propio despacho.

Una historia de integridad hecha añicos para intentar recomponerla con pegamento; llena de sentencias que pretenden ser magistrales como que “cada uno de nosotros vale mucho más de lo peor que hayamos podido hacer”, para poder “reaccionar ante las injusticias sin que ello nos destruya”. Y que insiste desde sus inicios en la redención para “perdonarnos mutuamente es la primera ley de la naturaleza”.

Para navegar por medio de este desierto deontológico judicial, James Newton Howard compone una buena banda sonora que se apoya en una esmerada selección musical de temas anclados en los 70.

‘Roman J. Israel, Esq.’ logra navegar con éxito entre en secreto profesional, entre la ironía de la justicia y sus recovecos, y llevar a un puerto utópico a la ambición revolucionaria legal. Posiblemente lo más interesante que rompe con la integridad resida en lo que el protagonista lleva en el interior de su cartera que porta durante toda la película.

Lo mejor: las interpretaciones, en especial atención la metamorfosis del Denzel Washington.

Lo peor: esa sensación abierta que te deja como si fuera espuma de mar…

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