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‘Un mar de enredos’, una gran vendetta

Leonardo Montenegro es un playboy rico y mimado procedente de una de las familias más ricas de México. Kate Sullivan es una madre soltera trabajadora que compagina múltiples trabajos para sacar adelante a sus hijas. Sus vidas se cruzan por primera vez cuando Kate es contratada para limpiar el yate de Leo tras su última fiesta y ella se niega a servirle un aperitivo, por lo que éste la despide sin pagarle.

En estos tiempos en los que las relaciones entre Estados Unidos y su país vecino México andan un tanto tensas, no es muy descabellado que se realice una producción lo suficientemente desenfadada como para suavizar los ánimos. Para ello parece que el tono de la comedia sería el camino indicado, pero el problema surge cuando la ironía y las ridiculeces de algunos políticos de la vida real resultan ser más cómicas que casi cualquier ficción.

‘Un mar de enredos’ es una comedia floja de verano que pretende acercar mundos tan distantes como el de los ricos al de los más desfavorecidos, el de las responsabilidades que otorga la familia frente al de quien vive como un botarate, o marginar a quienes han tenido la suerte o desgracia de nacer a un lado u otro de la frontera.

Lo curioso en este caso es que los dos protagonistas se salen de los estereotipos más usuales desde el punto de vista cinematográfico para para acercarlos más al habitual y enrevesado universo de las famosas teleseries mexicanas y culebrones televisivos.

El mexicano Eugenio Derbez produce la cinta e interpreta al multimillonario heredero de una de las mayores fortunas del imperio de la construcción. Hace alarde de su vis cómica al imitar al famoso roedor Speedy Gonzales (de hecho hay un proyecto de película animada en la que el actor se encarga de darle vida con su voz). Y consigue darle la vuelta a su despreciable y machista personaje para hacerlo algo más cercano, a quien se le acaba de coger cierto cariño.

Por el otro lado, la actriz cómica Anna Faris es una pluriempleada madre de tres niñas que pretende sacarlas adelante al igual que su carrera de enfermería. Será quien maquine todo el embuste para meter en cintura al narcisista mexicano, y así ponerlo a trabajar a la menor de cambio en beneficio propio y de sus propias hijas. Una gran vendetta, a escala familiar.

Director de series y películas para la pequeña pantalla, Rob Greenberg es el responsable de esta apología de los seriales televisivos mexicanos, con desigual acierto. Lo bueno es que realiza una comedia para todos los públicos y bastante familiar, en la que a pesar de su potencial argumental no se llega a exprimir todo su jugo.

‘Un mar de enredos’ viene a ser una comedia ligera, ciertamente romántica y familiar para combatir el verano sin ser más ambiciosa y graciosa de lo que fuera de esperar.  Se deja ver y poco más.

Lo mejor: el comadreo que se lleva la cuadrilla de trabajadores de la construcción.

Lo peor: que no sea un tanto más crítica y haga caso omiso a la situación actual entre las relaciones sociales y políticas de ambos países, un contexto imposible de eludir, por muy comedia que pretenda ser.

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