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‘La casa de Jack’, narcisismo criminal

Estados Unidos, años setenta. Seguimos al inteligentísimo Jack durante cinco incidentes y descubrimos los crímenes que le definen como un asesino en serie. Vivimos la historia desde la perspectiva de Jack. Considera cada asesinato como una obra de arte, pero su profunda inadaptación le plantea problemas con el mundo exterior. A pesar de la intervención de la policía, que se acerca inevitablemente, Jack se empeña en arriesgarse cada vez más contra toda lógica. A medida que la historia avanza, compartimos las descripciones que hace de su condición, sus problemas y pensamientos mediante conversaciones con el desconocido Verge:una mezcla grotesca de sofisticación, de una casi infantil autocompasión y de explicaciones detalladas de maniobras tan peligrosas como difíciles para Jack.

Lars von Trier es, sin lugar a dudas, uno de los cineastas actuales más provocadores, no sólo del cine europeo sino mundial. Castiga conciencias, busca comportamientos aberrantes, y logra acariciar el alma del espectador con sus magníficas obras para despertar la inquietud. Explora con sus personajes la pasión, el dolor, el sufrimiento, el drama y el horror con tintes universales. Sabe incomodar más allá de la butaca y se ha ganado a pulso la calificación de verdadero artista de la emotividad.

El director y escritor de ‘Nimphomaniac’, ‘Melancolía’, ‘Anticristo’, ‘Dogville’ y ‘Manderlay’, o ‘Bailar en la oscuridad’, viaja en esta ocasión al inframundo del alma humana para describir la perversidad de un asesino en serie que descubre en sus atrocidades el verdadero arte. A partir de una idea de Jenle Hallund y del propio director, desarrollan este argumento que habla directamente de la maldad del Sr. Sotisficación frente a las debilidades de la mujer.

‘La casa de Jack’ es la conversación atemporal que mantiene el propio autor de los crímenes con la moralidad el escritor de “La Eneida”, pero en la versión posterior de Dante. Jack repasa su vida mediante la confesión final en la que Verge (Virgilio) psicoanaliza la personalidad del psicópata, centrándose en cinco incidentes principales durante los últimos doce años, y su conclusión en forma de epílogo.

Matt Dillon (‘Crash (Colisión)’, ‘Drugstore Cowboy’, ‘Rebeldes’), interpreta al despiadado Jack, un inteligente y meticuloso ingeniero con vocación de arquitecto que busca culminar su lugar en el que habitar. Dillon aporta el temple necesario para este impresionante papel repleto de macabras elucubraciones. Es un charlatán desmesurado con trastorno obsesivo compulsivo que va depurando su surrealismo criminal hasta ensalzarlo a la altura del arte. Es la personificación de “El Tigre” del poemario de William Blake frente a “El Cordero” que representan sus víctimas, principalmente mujeres

Bruno Ganz (‘El hundimiento’, ‘The Reader (El lector)’, ‘The Party’), es Verge, quien escucha e interpele la monstruosa declaración intentando buscar la oscura moralidad de tales actos. Con su neutra voz en off ejercita un impecable trabajo de actuación, mientras acompaña y busca discernir los entresijos de esos cinco incidentes finales.

Uma Thurman, Siobnah Fallon Hogan, Sofie Gråbøl, y Riley Keough protagonizan cada uno de los incidentes, descritos en la pantalla con todo lujo de detalles escabrosos.

Lars von Trier utiliza la técnica de cámara en mano, produciendo un nerviosismo constante que se va acumulando en la experiencia del espectador. Además, recurre a constantes imágenes documentales para dar fuerza al valor de la historia. Y en el aspecto musical, la canción “Fame” de Bowie se reitera duramente como estandarte del comportamiento atroz. También incluye el mítico “Hit the road Jack” de Ray Charles como elemento liberador de la tensión final.

‘La casa de Jack’ es una muy elaborada obra filosófica sobre la muerte. Una película de gran dureza visual, muy incómoda y excesivamente explícita, con un realismo hiperrealista. Remueve escrúpulos más allá del visionado e incluso hace que el espectador sentencie al personaje en la catábasis del periplo homicida.

En esta experiencia de construir personajes para destruirlos como si fuera derruir una y otra vez una casa que no termina de convencer, Lars von Trier busca los límites de la naturaleza humana, los traspasa y los dirige hacia su animalidad, para dejar que lentamente se descomponga en una potente e impresionante pesadilla.

“Un artista debe ser cínico” sentencia Trier a través de su personaje.

Lo mejor: el afilado ingenio con el que está construida toda la película, y la metáfora animada de la densidad de la sombra de una persona caminando bajo dos farolas.

Lo peor: el realismo y la potencia de narración al que nadie es inmune, ni aún tomándola como macabra comedia.

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