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‘Cafarnaúm’, las ruinas de la humanidad

Relata el viaje de Zain, un niño de doce años inteligente y valiente, que sobrevive a los peligros de las calles de la ciudad gracias a su ingenio. Huyendo de sus padres, y haciendo valer sus derechos, recurre a la justicia para demandarlos por el «crimen» de haberle dado la vida.

A pesar de su relevancia bíblica como uno de los lugares referentes del mensaje de la cristiandad, el lugar del que que toma el nombre la película es tan solo testimonio de las ruinas del tiempo. Una aldea en las que se amontonan piedras olvidadas de lo que un día fue y sobre todo pudo haber sido.

El ‘Cafarnaúm’ que dirige Nadine Labaki (‘Caramel’, ‘¿Y ahora dónde vamos?’) es un lugar extrañamente similar. Es el Beirut actual donde conviven innumerables refugiados sirios hacinados como “insectos y parásitos” (en palabras de uno de los protagonistas), carentes de identidad por no tener papeles. Una convivencia social y cultural arduamente difícil para nuestro modo de entender la vida, sobre todo cuando los hijos ni siquiera son un vínculo sino un lastre familiar.

‘Cafarnaúm’ son dos bofetadas de realidad -de las que hacen daño de verdad-, para aprender a valorar los problemas que tan habitualmente damos de lado ofuscados en aquellos que podemos sobrellevar con mayor facilidad. Y lo hace a las mil maravillas.

Para ello, Nadine Labaki, Jihad Hojeily y Michelle Keserwany describen la historia de un niño que denuncia a sus padres por haberle traído al mundo. Una vida desgraciada, en una ciudad medio derruida y hacinada de maldita humanidad. Para ello, Labaki saca a los personajes de la miseria, los convierte en actores delante de la cámara y los devuelve a una miseria similar para rodar esta historia que toca con maestría la sensibilidad.

El joven Ain Al Rafeea soporta casi todo el peso de la narración interpretando a Zain. Un niño valiente, decidido, y muy inteligente para sobrevivir al día a día frente a sus desalmados padres y su pútrida comunidad. Un niño que parece el único en asumir la responsabilidad de lo que pudiera denominarse pseudo-hogar, que vela y pelea por sus hermanos sin importarle las consecuencias. Y que cuando no se tiene nada, la cárcel ya es algo. Un mundo en el que los jóvenes pueden serlo lejos del suelo, en las azoteas de la libertad.

En su viaje huyendo de la vida, la única que conoce, Zain se hace cargo de Yonas, (Boluwatife Treasure Bankole, con poco más de un año de edad), a quien arrastra montado sobre una cacerola en monopatín por las sucias calles de Beirut. Una ciudad repleta de malos tratos y violencia, de compra-venta de personas y de estampas de extrema pobreza; en la que Spider-Man es un anciano de un parque de atracciones cutre disfrazado con una cucaracha en el pecho, y se puede dejar abandonado a un bebé atado de una pierna a una farola en la calle sin que nadie se preocupe al pasar a su lado.

‘Cafarnaúm’ es incómoda, dura y cruel. Y más cuando son niños quienes soportan el peso del drama. Busca la agitación de la conciencia y sobre todo puede hacer daño ante tanta insensibilidad, de que a nadie le importe nadie. Una historia esperanzadora que habla de las mismas ruinas de la humanidad.

Lo mejor: la dureza de sus historias y las magníficas interpretaciones de los personajes, aunque por desgracia más que actuar sea una mera descripción de una realidad social de la que todos somos responsables… y eso duele.

Lo peor: que su drama no está servido con efectos especiales ni decorados, sino con dosis de realismo callejero, puro reflejo de una situación auténtica.

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