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‘Ruben Brandt, coleccionista’, lo subliminal del arte

Ruben Brandt es un psicoterapeuta de éxito que aplica técnicas artísticas para curar a sus pacientes, pero los personajes de los cuadros se están apoderando de sus sueños. Su grupo de pacientes se convertirá en una infalible banda de ladrones que recorre desde el Louvre hasta el MoMA robando pinturas para ayudarle a superar sus traumas. Así empieza una aventura imbuida de arte, psicoanálisis y cine con referencias a Picasso, Caravaggio, Eisenstein, Hitchcock, Elvis o Rambo.

Hace algún tiempo, en conversaciones mantenidas con expertos en la materia, profesores universitarios, responsables de agencias publicitarias y de la industria audiovisual, muchos coincidían en la falta de creencia de los mensajes subliminales, pero que, al igual que las meigas, haberlos haylos. La conclusión era un tanto ambigua. Por un lado, si su utilización tenía efectos notorios sobre el público objetivo a nivel inconsciente se le estaba manipulando. Pero por el contrario, si no conllevaba acción alguna hacia el determinado mensaje transmitido, se engañaba al anunciante y a su bolsillo. En este limbo concluyente, sí queda claro que con anterioridad a cualquier psicoanálisis freudiano, el mundo artístico se ha valido de recursos subliminales plasmados con frecuencia en el onirismo impregnado de sus obras.

‘Ruben Brandt, coleccionista’, desde su mismo título, navega por ese nivel inferior de la consciencia. El nombre que evoca a Rubens y a Rembrandt es una declaración de intenciones. Con sus expresivas imágenes, el espectador se diluye en una emulsión comprendida entre el mundo del arte y del coleccionismo, y el séptimo arte propiamente dicho.

Milorad Krstić es un artista en toda la amplia acepción del término. Es el director, productor, guionista, editor y animador, el hombre-orquesta húngaro responsable de este espléndido trabajo, su primer largometraje. Una auténtica joya de cine negro animado para adultos, repleto de infinitos guiños y homenajes a pintores, escultores y cineastas de todos los tiempos.

‘Ruben Brandt, coleccionista’ es una trepidante aventura de suspense y acción que recorre el mundo en busca de hacerse y robar determinadas obras que obsesionan al protagonista de esta singular historia. Para ello utiliza planos animados que hubiera rodado el mismo Hitchcock. Juega con maestría con las dimensiones del 3D, del 2D y hasta de la propia esencia del plano dibujado. Es tan detallista como onírica, y tan imaginativa que logra alcanzar la brillantez.

Sus personajes surrealistas parecen creados como figuras cubistas sobre fondos magníficamente definidos y surrealistas, con una animación trepidante y eficaz.

Visualmente tan atractiva como provocadora, ‘Ruben Brandt, coleccionista’ es una rareza preciosista, una rara avis que propugna que “el arte es la clave para todos los problemas de la mente. Una excelente performance de pop art, combinando cine y arte cuyas acrobacias deambulan a mitad de camino entre lo subliminal y el subconsciente.

Lo mejor: sus diferentes capas, su argumento y los innumerables guiños y referencias que hacen imposible apreciarlos todos con un único visionado.

Lo peor: pueda necesitar cierta maduración por parte del público para que sea valorada debidamente.

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