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‘Untouchable’, la exitosa complicidad del silencio

Magnate. Visionario. Genio. Harvey Weinstein era el titán de Hollywood hasta que sus víctimas hablaron y el movimiento #MeToo amplificó sus denuncias a lo largo y ancho del mundo. Acosador. Abusador. Violador. Chantajista. Ahora sabemos lo que presuntamente es su modus operandi.

En la magnífica versión de ‘El precio del poder’ de Brian de Palma, nos encontramos con un oportunista e inteligente Tony Manero (Al Pacino desatado a la enésima potencia), inmigrante surgido de la nada, que escala en el mundo de la ambición desmedida para llegar a ser el gánster de referencia que maneje todo el cotarro. “Todo lo que tengo en esta vida son mis cojones y mi palabra, y no los rompo por nadie” sentencia en un momento dado su protagonista que ha hecho de la máxima “El mundo es tuyo” su propia regla.

El productor cinematográfico Harvey Weinstein no solo ha hecho suyo dicho papel, sino que ha terminado por creerse que todo cuanto está a su alcance pasa a ser de su dominio a golpe de billete y bajo otra curiosa sentencia en la que subraya que “si consigo lo que quiero, es consentido”.

‘Untouchable’ es un documental de terror. Habla de ese miedo silencioso que se aferra vergonzosamente a la biografía de quienes han tenido que soportar abusos sexuales, vengan de donde vengan, y con independencia del poder de quienes los ejerzan.

Tras las denuncias publicadas en el año 2017 por el periódico The New York Times y la revista The New Yorker, las productoras de la BBC y de Lightbox ofrecieron la oportunidad a la documentalista Ursula Macfarlane para repasar la ambiciosa historia del productor de Miramax, sus inicios, sus progresivos éxitos consolidándose como referente del cine independiente comercial, y el acceso al poder de la industria cinematográfica. Una industria repleta de escándalos que casi siempre ha sabido esconder con mucho celo debajo de la alfombra roja.

Lo delicado de la situación reside en lograr declaraciones honestas desde dentro de la propia casa, tratando de campear con encubrimientos, tratos y acuerdos de confidencialidad sobre los hechos ocurridos, influencias y carreras truncadas dentro de la autodenominada “industria del entretenimiento”. Aunque no hay que perder nunca el norte de que se trata de uno de esos casos que afortunadamente sale a la luz, de entre los otros muchos que hay en la oscuridad, no solo en este sector sino por desgracia en la mayoría donde el poder puede corromper las entrañas mismas de cualquier individuo.

‘Untouchable’ es un documental que te habla de frente, sin rodeos y llamando a las cosas por su nombre. Rebosa gran calidad en sus imágenes, y ostenta una enorme delicadeza necesaria y precisa para describir con sus frágiles testimonios la voracidad de su protagonista. Pero claro, siempre será la punta del iceberg.

Es actual. Tan reciente que no hay resolución judicial penal sobre las demandas interpuestas en los casos de abusos sexuales. Una de las reflexiones más importantes que propone, sobre las intervenciones de colaboradores y empleados del magnate, es ese ambiguo sentimiento de culpabilidad de no haber hecho lo necesario por evitar tales situaciones a terceras personas mientras estaban en la cresta de la ola. Es como saber repartir el éxito dentro de la complicidad del silencio, mientras el depredador proporcionaba fiestas de cuento para potenciales hadas interpretativas acercándose a él como esa luz que atrae tanto a las polillas hasta que las fulmina, y así lo describen ellos.

‘Untouchable’ no cuenta nada nuevo para alguien que esté al corriente del personaje en cuestión, del mundillo de la industria del cine, como de los crecientes movimientos colectivos que abrazan el #MeToo en señal protesta y de denuncia por los abusos sexuales. Pero es loable el ánimo de saber que no estás en la más absoluta soledad ante monstruosas conductas premeditadas que campan a sus anchas y con siniestra impunidad. El problema, a veces, también reside en que quienes ostentan el poder para promulgar las leyes nunca se han visto en algo así que es tan difícil de demostrar como tan fácil de encubrir.

Y mientras haya altas o bajas esferas, esa frase de “¿sabes quién soy yo…?” puede tener la caprichosa connotación que quien la pronuncie desea. El verdadero problema reside en sus consecuencias.

Lo mejor: la valentía y el saber despojarse del sensacionalismo para mostrar una cara más natural pero no por ello menos reivindicativa.

Lo peor: posiblemente no salga en el documental, ni a la luz; que la influencia y el poder puedan desarrollar estas patologías a costa de personas que se sientan como David contra Goliat.

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