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‘Géminis’ : juego de espejos

Póster de Géminis

Un asesino a sueldo, demasiado mayor, decide retirarse. Pero esto no le va a resultar tan fácil, pues tendrá que enfrentarse a un clon suyo, mucho más joven.

En algún momento de estos tiempos de avances constantes la tecnología en general, y la orientada al entretenimiento en particular, los competentes en cada materia deberían detenerse a reflexionar sobre dónde está (o debería estar) el límite. 

Ang Lee (que, recordemos, una vez dirigió artesanales joyitas como ‘Tigre y Dragón’) abraza la tecnología punta y la alta definición (4k hdr a 120 fotogramas por segundo, ni más ni menos) para entregar la película (y el 3d) visualmente más hiperrealista de la longeva historia del Séptimo Arte. 

El desdoblamiento de un esforzado Will Smith (único que le pone corazón al asunto, tanto en su versión madura como en la joven, haciendo mucho con muy poco) sirve de hilo conductor para una odisea de acción rodada a velocidades de vértigo, que es también un continuo juego de espejos que devuelven la mirada por obra y gracia del que juega a ser Dios. 

‘Géminis’ puede vanagloriarse de la (casi siempre) excelente recreación del joven Will, el soberbio e inmersivo uso del 3d (que aquí sí nos mete de lleno en la peripecia hasta el punto de sentir que estamos donde están los personajes), y la extrema definición de cada fotograma. 

Como ejercicio ilustrativo de los avances que la cinematografía, maquillaje y efectos visuales han alcanzado en las dos décadas del nuevo siglo, ‘Géminis’ es incontestable.

Pero, al igual que el doctor Malcolm se cuestionó en Jurassic Park, que la tecnología nos permita hacer algo, no significa que debamos hacerlo.

Si ‘Géminis’ se hubiera rodado en alta definición, pero al ritmo de fotogramas acostumbrado, con una fotografía orientada a sentir que estamos viendo una obra de ficción y no una costosa telenovela top secret grabada con un móvil de última generación, el veredicto sería otro. 

Pero Ang Lee parece más empeñado en hacer lo que nadie ha hecho que en facturar una película de acción trepidante y divertida. Más pendiente de la forma, de crear nuevos paradigmas, que del fondo. 

Así, muy a menudo las coreografías de balas y tortas resultan irrisorias, no porque sean mediocres (que no lo son), sino porque al fluir a tanta velocidad y nitidez, parecen extraídas de una versión moderna de los Looney Tunes. 

Peter Jackson aprendió con el primer Hobbit (a 48 fps, no 120) que a veces tener los mejores medios a tu alcance, pueden quitarle el alma a la película. 

Si, además, la trama está más vista que el tebeo; los personajes funcionan sobre todo cuando están calladitos y en peligro de muerte y sabes de memoria todo lo que va pasar desde el momento en que Will se las ve con Will, mejor no tensar la cuerda pecando de realista.

Quizás Ang Lee sea el Steve Jobs de los cineastas, y a los espectadores comunes nos toque evolucionar para apreciar el conjunto de su película y, en general, esta forma de ver y hacer filmes.

Pero el cine es cine porque para vivir las historias en ultra 4k… ya tenemos la vida. 

Lo mejor: la persecución en moto y el joven Will Smith. 

Lo peor: el 4k y los fotogramas por segundo, provocan lo contrario de lo que pretenden. 

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