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‘Abuelos’, emprendiendo la tercera edad

Isidro Hernández es un parado de 59 años al que la crisis expulsó del mercado laboral. Tras dos años sin recibir ofertas de trabajo llega a la conclusión de que la única forma de volver a trabajar y sentirse útil es montando su propio negocio. Pero ¿qué puede emprender alguien de su edad a quien la sociedad relega simplemente al cuidado de sus nietos? 

La vida misma viene a ser como una dinámica de grupo para determinadas entrevistas de trabajo. Ahí se encuentran todo tipo de aspirantes que no dudan en sacar sus más escondidas personalidades tan pronto como pueden, con tal de seguir en el proceso a toda costa. Pero si hay algo que enseña el día a día, para apreciar el máximo valor de cualquier oportunidad, es saber escuchar, interpretar, meditar, y lograr aportar soluciones viables al planteamiento propuesto. Y sobre esto tenemos que aprender de muchos de nuestros mayores para poder adaptarnos a los tiempos cambiantes, bien sea por trabajo o por la vida misma.

‘Abuelos’ es el primer largometraje de Santiago Requejo. Adopta una entrañable visión paternalista de quienes navegan por esa denominada “tercera edad tras un cúmulo de experiencias vividas. Junto a Javier Lorenzo (quien además actúa en el filme), escriben una bonita historia de mayores cuyas esperanzas e ilusiones hay que ponerlas a trabajar en un trasfondo social nada favorable.

Es una relación de adopción (entendida como resolución) y de adaptación (como amoldarse) entre padres, hijos y nietos. Padres que se desviven por sus hijos emancipados cuando, en las malas rachas, se ven obligados a regresar a los brazos abiertos de la dependencia económica; abuelos que cuidan abnegadamente de los nietos relegando los propios intereses, cuando ni siquiera tienen lazos de consanguinidad; o hijos que se acomodan bajo cualquier techo con tal de recibir un poco de cariño familiar.

Carlos Iglesias interpreta a Isidro, parado en la necesidad de seguir trabajando para realizarse con dignidad como persona, un derecho que se regula en nuestra Constitución, pero cuya realidad lleva otros derroteros sociales. Los matices de su vis cómica le confieren cierta nostalgia y cercanía que son muy efectivos a la hora de plantear su papel. 

Roberto Álvarez es Arturo, un conocido escritor maduro con buen gancho para el romanticismo, y asume una inesperada responsabilidad con elegancia y valentía. Y Ramón Barea da vida a Desiderio, un amable viudo y bondadoso amigo que comparte todo con amabilidad. Los tres caballeros acordes a nuestros tiempos que manejan la interpretación de modo cercano, natural y muy convincente. 

Les acompañan en las aventuras y desventuras Raúl Fernández de Pablo como el interesado gurú del coworking, Eva Santolaria de nuera distante, y Ana Fernández una esposa un tanto abrumada y dispersa por la situación, entre otros. Personajes con los que independientemente de la edad el público conecta de alguna manera, mientras evolucionan a lo largo del argumento superando nuestras expectativas.

‘Abuelos’, con su arroba inicial por aquello del lenguaje moderno de los emprendedores y del networking, es un drama social y familiar contado con la ligereza que pueda ofrecer cierto nivel de comedia, que ejemplifica lo duras que son las relaciones de cualquier tipo a cualquier edad. Habla de adaptarse a los tiempos actuales y de saber respetar el paso de las nuevas generaciones, sin el desprestigio personal por verse aparcado en la cuneta, cuando todavía se tiene mucho que decir y aportar. 

Es una bonita lección sobre conflictos sociales de andar por casa y la conciliación laboral y familiar, para poder emprender un viaje que va más allá de esa imagen de los abuelos ociosos en el parque. Un reciclaje de oportunidades en la que tres buenos amigos de verdad, con sus diferencias y virtudes, “juegan a las profesiones” para devolverles aquella primera juventud. Recuperar la ilusión por emprender la vida cuando “le falta un poco de poesía”. 

Lo mejor: el tono, el buen saber hacer, y el cariño que desprende toda la cinta, junto a las excelentes interpretaciones del cuadro actoral.

Lo peor: por tratarse de una película de ficción y como decía uno de sus protagonistas “la vida real es otra cosa”.

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