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‘Frozen II’, corazón de hielo

Aventurarse en lo desconocido, incluso para una reina tan fuerte como Elsa, exige coraje, pasión, valor, imaginación… y tampoco vendría mal algo de magia. Junto con Anna, Kristoff, Olaf y Sven, emprenderá un peligroso y fascinante viaje más allá de Arendelle para descubrir por qué nació con esos poderes.

Hablar del resurgir de Disney (no del actual imperio semejante a un monopolio económico, mediático y cinematográfico), significa rememorar cinco años intensos del final de los ochenta y mitad de los noventa, cuando la animación -que era lo que mejor sabían hacer- dio el impulso necesario para sacar al estudio del borde de la crisis. ‘La sirenita’ abrió la puerta a una nueva manera de contar y de cantar los cuentos. Y ‘El rey león’, la de entonces, confirmó y consolidó la supremacía de la calidad artística de sus obras y sobre todo de sus números. Pixar, que no era de Disney todavía, despuntaba con su animación por ordenador y brillaba por sí misma. Éxito que la compañía del famoso ratón aprovechó para emular en el momento en que la animación tradicional se les escapaba de las manos a mediados de la década inaugural del nuevo milenio. Desde entonces los cánones de Mickey Mouse se digitalizaron y las producciones de ambos sellos cada vez se asemejan más. John Lasseter fue responsable en gran medida, y en ocasiones lo único que les diferencia a ambos productos es que tras el inicio con un castillo en plena celebración le siga o no un flexo dando saltos. Pero Lasseter ya no está, esa es otra historia.

‘Frozen: El reino del hielo’ recuperaba bastante de esa última época dorada de clásicos de la animación tradicional en dos dimensiones. Y pulverizó récords de todo tipo hace seis años. Era la primera película de princesas en la que la ambigüedad de su protagonista la hacía casi tan temible como un monstruo. Gracias a la valentía de Anna, ésta lograba que su hermana Elsa no se pasara al lado oscuro. El Oscar a la mejor película animada y el de mejor canción por ‘Let it go’ hizo que muchos padres le cogieran tirria a la preciosa cinta.

Un corto (‘Frozen Fever’), un casi mediometraje (‘Frozen: Una aventura de Olaf’), y algún divertido cameo que otro (‘Ralph rompe internet’), demoraron esta continuación muy libre del cuento de Hans Christian Andersen. 

‘Frozen II’ recupera el mismo equipo. Chris Buck y Jennifer Lee en la dirección y el argumento, Peter Del Vecho produciendo la película, y las canciones del matrimonio Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez para la banda sonora de Christophe Beck. Sin olvidar el mismo elenco de voces originales (Kristen Bell, Idina Menzel, Jonathan Groff y Josh Gad, principalmente), o dobladores según la opción que se escoja.

La historia evoluciona, en su curso natural, a buscar respuestas en el pasado. Por un lado regresa a la infancia de las princesas Elsa y Anna, para algo después situarnos tres años después del final feliz de la anterior entrega. En esta secuela se aclaran los orígenes de los poderes de la Reina de Hielo, desde una perspectiva más mística y cuasi espiritual. Nuevos personajes para los cuatro elementos mágicos y un bosque encantado (no podía ser de otra forma tratándose de un cuento), repleto de misterios y secretos, en un susurrante viaje hacia lo desconocido.

‘Frozen II’ es una magnífica continuación que no repite los cánones de la anterior sino que demuestra madurez en una historia completa e interesante. Tiene bellísimas imágenes y secuencias que se retuercen en el aire como a merced del viento. Es vertiginosa y repleta de acción gracias a su espectacular animación. Y aunque las canciones brillan y ayudan a mostrar los sentimientos de sus protagonistas, no parecen alcanzar ni el tono ni la oportunidad de la anterior entrega, no resultan tan pegadizas (algo que algunos padres podrán disfrutar con alivio). Resulta un tanto paradójico escuchar el tema «Lost in the Woods» sin poder evitar acordarse de Elton John, y también podemos presenciar en esta misma pieza el busto cantante de Kristoff junto a tres renos en formación sobre fondo oscuro simulando la famosa carátula de Queen.

Algo más seria, madura y con ciertos momentos para la diversión, habla de que crecer también significa adaptarse al cambio. Y aunque tiene ciertas reminiscencias al mensaje de ‘Pocahontas’ acerca de saber escuchar la naturaleza, consolida a través de la memoria del agua que el amor es permanente, hasta el punto de convertir en auténtica heroína a la protagonista sin poderes.

Lo mejor: la vuelta de la historia y su conjunto, y las graciosas escenificaciones de Olaf sobre lo ocurrido en la anterior entrega a modo de resumen. Atención a la escena postcréditos.

Lo peor: que en ocasiones el espectador pueda estar un tanto perdido entre tanta acción desbocada.

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