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‘El hombre invisible’, monstruos muy humanos

Cecilia Kass está atrapada en una relación controladora y violenta con un brillante y rico científico. Una noche decide escaparse y esconderse con la ayuda de su hermana, un amigo de la infancia y la hija adolescente de éste. Tras su huida, Cecilia se entera de que su agresivo exnovio se ha suicidado y le ha dejado una gran parte de su enorme fortuna. Pero ella sospecha que su muerte es un truco y poco después de recibir la herencia empiezan a tener lugar una serie de insólitas y letales coincidencias. Cecilia intenta probar desesperadamente que alguien aparentemente invisible le persigue, mientras su salud mental se resiente cada vez más.

Con el legado atesorado por el sello Universal sobre el mundo de los monstruos, leyendas románticas y criaturas terroríficamente fantásticas se pueden producir casi infinidad de argumentos. Volver a mostrar lo de siempre supone un mínimo riesgo con poco margen de éxito; incorporar los personajes a un universo tipo Marvel, es arriesgado teniendo en cuenta cómo encaja la creatividad de los directores, que colaboren bajo unas directrices comunes y, sobre todo, quién se responsabilizaría del resultado final. También está la opción de crear películas que intentan desarrollar una acción trepidante en detrimento del género de terror. La imaginación es fértil para crear posibilidades.

El sello Blumhouse, aunque tiene sus más y sus menos, a estas alturas lleva los visos de convertirse en la nueva Hammer del presente siglo. Ha tenido la brillante idea de hacerse cargo de esta adaptación (esperemos que no sea la última), del personaje transparente. Y el resultado no puede ser más satisfactorio y esperanzador.

Sobre la idea base de H. G. Wells, el actor encasillado en este mismo género Leigh Whannell (‘Saw’, ‘Insidious’, ‘Upgrade’), se inspira en un concepto e historia mucho más actual para escribir y dirigir esta nueva versión de ‘El hombre invisible’. Prescinde de los trazos de fantasía para ahondar todavía más en el horror humano y obsesivo que puede estar al alcance de la mano. El control y el maltrato supeditado a la voluntad egoísta de quien pretende retener a la otra persona bajo sus dominios es la nueva cara del miedo. Y no puede ser más oportuno, pues por un lado canaliza las esperanzas de reflotar la franquicia en un nuevo universo, y por otro lado porque lo hace con gran acierto.

El principal recurso en el que se apoya es la actuación de la protagonista. Elisabeth Moss (‘Nosotros’, ‘La luz de mi vida’, ‘The Square’ y próximamente en ‘The French Dispatch’), no solo borda su papel sino también gran parte del personaje invisible. Adicta a los usos extra medicinales del Diazepam para escurrirse de los brazos de su obsesiva pareja, despliega toda su artillería interpretativa llegando a crear la confusión propia y del público sobre lo que realmente está sucediendo en la gran pantalla. Hasta la misma locura.

Aldis Hodge, Storm Reid, Harriet Dyer, Michael Dorman y Oliver Jackson-Cohen completan un reparto repleto de tensión en este peculiar y macabro juego que mezcla la genialidad del veo-veo y del escondite, de monstruos humanos que pretenden tenerlo todo bajo control.

La eficacia de Leigh Whannell en cuanto a la técnica reside en utilizar la cámara con planos poco comunes y constantes paneos (movimientos de cámara laterales sobre su eje), que permiten al público intuir que hay alguien más en la estancia. Una misteriosa presencia sin mucha necesidad de abusar de efectos especiales. Y por otro lado la potente banda sonora de Benjamin Wallfisch (‘Blade Runner 2049’, los dos capítulos de ‘It’, ‘Annabelle: Creation’).

‘El hombre invisible’ es una vuelta de tuerca al género de terror doméstico con la excelente interpretación de su protagonista asumiendo su propio papel y el de la temeraria y obsesiva amenaza que supone tener a alguien jugando al escondite con tu misma vida.

Sin necesidad de abusar de sus recursos consigue un resultado muy eficaz.

Lo mejor: la adaptación del concepto y Elisabeth Moss soportando los embistes imaginarios de alguien que “te va a atormentar si le dejas”.

Lo peor: algunos detalles argumentales, peccata minuta para el conjunto de una obra que se disfruta con cierta mezcla de sorpresa entre los silencios, la quietud y la  tensión de su juego psicológico.

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