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‘The Gentlemen: Los señores de la mafia’, todo el mundo quiere ser el león

Narra la historia de Mickey Pearson, un expatriado estadounidense que ha levantado un imperio de la marihuana enormemente lucrativo en Londres. Cuando se corre la voz de que pretende deshacerse del negocio, una serie de pintorescos, aunque indudablemente deshonestos personajes harán lo posible, mediante complots, sobornos y chantajes, para arrebatarle a Mickey sus dominios.

“Si quieres ser el rey de la selva no basta con actuar como un rey. Debes ser el rey”. Aunque parezca entresacado del mismísimo libreto de ‘El rey león’, en cualquiera de sus versiones, tiene mucho más que ver con las necesidades de ser soberano y mantener tu poderosa supremacía unida por encima de envidias, traiciones y juegos sucios frente a oportunistas y codiciosos a la espera de saltar sobre la presa como si se describiera una tragedia shakespeariana. Una auténtica declaración de intenciones tan “british” como la tierra del escritor universal en tiempo de convulsión e independencia.

Guy Ritchie escribe y dirige esta historia de un chantaje con guion de película sobre la crónica de una muerte anunciada. Prescindiendo de la magia de alfombras voladoras y de fantásticas espadas legendarias clavadas sobre roca, regresa a sus mejores momentos casi irreverentes. ‘Lock & Stock’, ‘Snatch: Cerdos y diamantes’ y sus peculiares versiones de ‘Sherlock Holmes’, sirven de referencia perfecta para este alocado “souvenir” que describe el desmoronamiento de todo un imperio, no del británico, sino del mundo de la droga con “aire de época dorada” en la presente actualidad. Con argumento del propio Ritchie, junto a Ivan Atkinson y Marn Davies (los dos primeros además producen con Bill Block), es un enrevesado y cínico divertimento de caballeros (en el más puro sentido inglés), del cáñamo, entendido en ese filo entre lo contrario a la ley y una posible y futurible legalidad ministerial.

Lo que la hace un tanto singular es que se salga de los cánones comunes de historias de mafiosos. Sí, va de un vasto imperio de las drogas, con su emperador y emperatriz, pero incluso parece que se mofa de los grandes clásicos con su delirante embrollo argumental, provocando un distanciamiento mayor en beneficio de otro discurso bien distinto.

Un resolutivo y virtuoso, pero sobre todo canalla, Hugh Grant pretende sacar su propia tajada interpretativa como sabueso investigador y mercenario chivato al mejor postor. Charlie Hunnam es el fiel confidente de una historia que a cada frase parece perderse cada vez más. El primero como narrador, y el segundo como víctima de sus elucubraciones y devaneos. Un juego inteligente en el que también están implicados Matthew McConaughey como el gran jefe a punto de la jubilación voluntaria, Michelle Dockery en el papel de amante esposa con un carácter peculiar, Jeremy Strong el otro gallo del corral, Colin Farrell quien pasaba por allí y Henry Golding a modo de Bond chino letal. Todos ellos soberbios en una gran interpretación coral, por exigencias del guion.

‘The Gentlemen: Los señores de la mafia’, además de una excelente oportunidad para ver peleas de machos alfa por obtener el codicioso gallinero del mercado de la hierba, tiene giros, quiebros, saltos en el tiempo, tomaduras de pelo y derivados, violencia verbal y física con florituras de acento cockney. Es madura y aburguesada, y tan descarada como para reírse de la ficción cinematográfica, hasta el punto de rizar el rizo presentando sus recursos cual futurible proyecto en la propia productora Miramax de Londres. Y por supuesto, cierto tono de humor negro no le falta.

Es muy de agradecer el regreso de Guy Ritchie en su mejor versión, desplegando una formidable batería de recursos visuales y argumentales. Lo tiene todo: magníficas actuaciones, un buen guion con muchos giros argumentales, y mucha riqueza visual. ‘The Gentlemen: Los señores de la mafia’ está llamada a ser una de las producciones imprescindibles del 2020.

Lo mejor: a pesar de ser una película de mafiosos, Ritchie y los suyos logran un halo completamente diferente de las de maestros como Coppola (también tiene su guiño), Scorsese o Leone, siendo capaz de codearse al mismo tiempo con ese club de grandes.

Lo peor: que su vertiginosa disposición y la dinámica acción de los acontecimientos pueda hacerte perder el hilo si no se presta la suficiente atención.

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