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‘Las leyes de la frontera’, las gafas de supermán

La historia comienza en el verano de 1978. Ignacio Cañas, un estudiante introvertido y algo inadaptado, tiene diecisiete años y vive en Gerona. Al conocer al Zarco y a Tere, dos jóvenes delincuentes del barrio chino de la ciudad, se ve inmerso en una carrera imparable de hurtos, robos y atracos que se prolongará durante todo el verano y que cambiará su vida para siempre. Las Leyes de la Frontera es la historia del verano en el que Ignacio se hizo mayor, transgrediendo constantemente la frontera entre dos mundos, cruzando la línea que hay entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia.

Me queda muy claro que en esta moda de revivir los ochenta del pasado siglo como una década gloriosa, se debe entre otros factores a que su generación protagonista es bastante numerosa. Aunque para llegar a esos años, tras la llegada de la democracia, hubo que pasar por el cine de destape italiano y el quinqui nacional del que tanto dieron Eloy de la iglesia como José Antonio de la Loma como máximos exponentes. Personajes marginales, de extrarradio, rateros de poca monta que le pillan el gustillo y aspiran a grandes golpes para ponerse hasta arriba de farlopa o en su defecto de inhalar pegamento si vienen malas. Por el resto del mundo deambulaban Scorsese, Coppola, Spielberg, Fellini, Bertolucci, Visconti, Bergman, Woody Allen, Oshima, Kurosawa, Polanski, Wenders, Truffaut, Kubrick…

Y siempre es muy agradable aplaudir a un gran director que también pasó tiempo hablando del cine de otros, escribiendo sus críticas, y analizando con interés cualquier producto atractivo que se le pusiera por delante de los ojos en la gran pantalla. Daniel Monzón (‘Celda 211’, ‘El niño’), en la dirección y ayudado por Jorge Guerricaechevarría (‘Veneciafrenia’, ‘Quien a hierro mata’)  en la escritura del guión, ha adaptado con magnífico criterio la obra de Javier Cercas ‘Las leyes de la frontera’. Una historia de pandilleros marginales en la Gerona de la transición.

Mientras otros conseguían mantenerse o ascender en el escalafón social más alto a golpe de pelotazos urbanísticos, políticos o mediante tráfico de influencias, aquellos de clases más bajas se abrían paso como delincuentes de poca monta in crescendo, hasta que los golpes les superaban el raciocinio. Su director ha sabido recrear la historia apoyado por un elenco de actores bastante solvente, encabezados por Marcos Ruíz (‘El hombre de las mil caras’, ‘Felices 140’), Begoña Vargas (‘Malasaña 32’), y Chechu Salgado, quien debuta en la gran pantalla. Además de aportar muy buena química entre ellos, han sabido gestionarla involucrando al resto del reparto, y eso se nota y mucho. Buena dicción, saben impostar y sobre todo recrean los diálogos con naturalidad. Mantienen el nervio y la tensión a donde pretenden llevar al espectador, en un torbellino de acontecimientos formidable.

‘Las leyes de la frontera’ cuenta además con una cuidadísima ambientación de la época hasta el más mínimo detalle a cargo del diseño de producción de Balter Gallard, y una banda sonora potente como cabría esperar. La fotografía corre a cargo de Carles Gusi.

Ni buenos ni malos, los personajes son difíciles de encasillar, en ese limbo de superhéroes desgarrados y barriobajeros que transgreden fronteras entre el mal y el bien, tan solo quitándose las gafas cuales supermanes trasnochados.

Lo mejor: la obra en su conjunto no pretende ser un homenaje al cine quinqui, sino que demuestra su  interés hacia el lado más humano de la tragedia marginal.

Lo peor: cierto maquillaje de cierto personaje con el paso de los años… canta mucho, al igual que el exceso de palabrerío en medio de un tiroteo.

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