
En la continuación de esta épica historia, el Dr. Kelson se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como lo conocen, y el encuentro de Spike con Jimmy Crystal se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar.
Ironías de la propia vida. A principios de nuestro siglo se estrenó aquella inquietante historia en la que unos animalistas desataban el virus de la ira en un Reino Unido que ni imaginaba por asomo su separación del continente europeo. Danny Boyle y Alex Garland estaban al mando del proyecto. Tras su éxito, cinco años después, vino una secuela muy digna a cargo de Juan Carlos Fresnadillo en la que se reflexionaba sobre la continuación del apocalipsis infeccioso, y cómo el resto de países cercaban la autonomía británica para intentar controlar el brote. Luego padecimos la pandemia real del covid, con la diferencia de que fue mucho más letal por su alcance mundial aunque menos violento de contagiar en cuanto a su transmisión.
Retomando la idea original, y tras todo lo vivido en este cuarto de siglo, el tándem Boyle y Garland vuelve a retomar la idea con aires de franquicia, sobre todo en lo relativo a que si el proyecto es muy bueno para desarrollar ya que se puede dilatar y estirar en el tiempo, aupado por su tirón inicial.
Alex Garland (‘Ex-Machina’, ‘Civil War’, ‘Aniquilación’), es especialista en recrear tiempos distópicos y hacerlos absolutamente creíbles, algo nada descabellado para la época que nos toca vivir. Danny Boyle (‘Trainspotting’, ‘127 horas’, ‘Slumdog Millionaire’), es capaz de narrar historias con tal celeridad y nerviosismo en sus imágenes que nos llevan al vértigo emocional. Para su reencuentro en el ‘28 años después’ del pasado año, supieron prescindir un poco del suspense para llenar de más acción la pantalla con los habituales ingredientes gore y hasta cierta escatología visual muy apropiada para esta nueva vuelta al género. Y además un final con la clara leyenda de continuará.
Ahora, ‘28 años después: El templo de los huesos’, no solo continúa donde acaba su predecesora, sino que va cerrando el círculo de las primeras entregas. Algo que le otorga mayor sensación de continuidad. Nia DaCosta (‘The Marvels’, ‘Candyman’), se responsabiliza de la dirección experimentando con la inhumanidad de algunos supervivientes y la posible humanidad de los sangrientos infectados.
La espiritualidad del ‘memento mori’, el respeto por los huesos y lo que queda del ser que existió, y hasta la bondad por aplacar una furia incontrolable. Por otro lado, la crueldad de la superioridad, el sometimiento de los débiles bajo el dogma satánico, el sacar el máximo provecho de los demás para el propio beneficio. Las dos caras del apocalipsis personalizadas en unas magníficas y sorprendentes interpretaciones como la de Ralph Fiennes (‘La lista de Schindler’, ‘El jardinero fiel’, ‘Cónclave’), o la del repugnante papel que encarna Jack O’Connell (‘Invencible’, ‘Los pecadores’), como cabecilla de los Jimmies. Sin olvidar la continuidad y carisma aportado por el joven Alfie Williams, o las incursiones de Erin Kellyman y de Chi Lewis-Parry, entre otros tantos.
‘28 años después: El templo de los huesos’, es un acierto que no te deja indiferente en tu butaca. Que ha ido creciendo con los años y con sus entregas, que se va modulando hacia constituirse en propio referente del cine de terror por derecho propio. Y ahora más que nunca porque se reordena y enlaza con las historias ya narradas. Ojalá tengamos oportunidad de disfrutar de personajes olvidados que han desfilado por su tiempo y que permanecen en la memoria de los seguidores de este desenlace desesperanzador. El bien y el mal de la humanidad juntos de la mano… y aún así parece que no aprendemos. Totalmente imprescindible para quienes gustan de sensaciones fuertes.
Lo mejor: vista en conjunto, sin que llegue a entenderse como franquicia, aporta un desarrollo genial para el género, y si ya era referente, ahora no deja lugar a la duda. Y por supuesto, el videoclip que se marca el genial Fiennes con el temazo de los Iron Maiden.
Lo peor: superados los enésimos vómitos sangrientos, tal vez el exceso y abuso de desmembramientos varios, aunque bien es cierto que algún remanso de paz puede aportar entre sus fotogramas. Y ¿qué pasó con la idea sobre aquellos individuos que mostraban heterocromía…?












