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‘Almas en pena de Inisherin’, la extraña pareja

Ambientada en una isla remota frente a la costa occidental de Irlanda, cuenta la historia de dos amigos de toda la vida Pádraic y Colm, que se encuentran en un callejón sin salida cuando Colm pone fin a su amistad de forma inesperada.

Hay lugares por donde parece que no pasa el tiempo. En todos los sentidos. En el de que la naturaleza campa a sus anchas y así es como debe ser; y en donde quien quiera sobrevivir ha de adaptarse a ese tempo vital donde permanece inerte e inalterado. Los lugareños perviven engarzados como piedras preciosas de una corona olvidada por su reino. Parajes tan poderosos que forjan a sus moradores y atemperan las personalidades de manera caprichosa.

‘Almas en pena de Inisherin’ es una peculiar historia de amistad condicionada por todo cuanto la rodea. Es una isla mágica, no exenta de pesares, en la idílica costa irlandesa, repleta de verdes pastos y acantilados fabulosos que miran siempre hacia el mar. Un lugar donde las almas deambulan apaciblemente mientras no se crucen con alguna banshee (una especie de entre hada y meiga, agorera de desdichas, del folclore local).

En este contexto, el director y guionista Martin McDonagh (‘Escondidos en Brujas’, ‘Siete psicópatas’,‘Tres anuncios en la afueras’), construye un magnífico bodegón en el que reflexiona sobre cuál es el verdadero significado de la amistad y su auténtico valor.

Pádraic y Colm son tan antagonistas como el día y la noche. Navegan en suelo firme por los días, los años y la vida. Hasta que, de pronto, una amistad fraguada de antaño carece de sentido sin mediar justificación alguna. Estos dos pilares interpretativos son los estupendísimos Colin Farrell (’Minority Report’, ‘Siete psicópatas’, ‘The Gentlemen: Los señores de la mafia’), y Brendan Gleeson (coincidió con Farrel y el director McDonagh en ‘Escondidos en Brujas’, ‘Calvary’, saga Harry Potter). Ambos están arropados en todo momento por el también excepcional elenco irlandés formado por Barry Keoghan (enamora el simplismo de su personaje), Kerry Condon (exótica belleza en un paraje perdido), Pat Shortt (no puede faltar el regente del bar donde todo gira), David Pearse (encarnando la religiosidad a la medida de los fieles) o Sheila Flitton (personificando la superstición a bocanada de pipa), entre otros. El resultado es un asombroso trabajo de actuación coral que lleva la comicidad del argumento a límites sorprendentes.

La isla es un personaje más. Posiblemente el más catalizador de todos, generando los comportamientos más dispares en cada uno de sus habitantes necesitados de novedades, de historias, de algo novedoso. Una extraordinaria fusión anclada en el costumbrismo inhóspito de una lejana región donde los ecos de la guerra civil se diluyen entre las nubes del horizonte. El paisaje y los animales que lo viven dan fe de ello, de la quietud de su ritmo de vida.

En ‘Almas en pena de Inisherin’ el existencialismo y el nihilismo pasean juntos de la mano por caminos separados. Martin McDonagh ha conseguido elaborar un precioso relato en el que la comedia y la tragedia poseen un fino sentido de la ironía, con unos personajes tan labrados y perfilados por parte de lo que hablan y sienten que merece la pena dejarse llevar desde la butaca de la sala.

Lo mejor: absolutamente todo; la composición de los fantásticos seres que desfilan ante nuestra atónita mirada; el tema que propone; la ambientación y el espíritu irlandés que la impregna; la música, sus sonidos y el silencio de los yermos y desamparados páramos. En definitiva, la evasión que conlleva.

Lo peor: que te deja con las ganas de quedarte mucho más tiempo disfrutándola lejos del mundanal ruido de las guerras, las enfermedades y cualquier crisis del signo que sea.

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