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‘La nube’, saltamontes purgativos

A Virginie le resulta difícil conciliar su vida de agricultora con la de madre soltera. Para sacar a su familia adelante y evitar la quiebra de su granja, se entrega en cuerpo y alma a la cría de saltamontes comestibles. Poco a poco, Virginie empieza a desarrollar un extraño vínculo obsesivo con sus saltamontes: ni sus hijos son capaces ya de reconocerla.

‘La nube’ es el primer largometraje que dirige el francés Just Philippot. Como quien anda un poco desorientado entre lo que podría ser una obra de autor y el género de terror, consigue atrapar al espectador en el interés por descifrar y clasificar lo que está viendo.

Guarda muchas similitudes con la recién estrenada y también francesa ‘El horizonte’ de Delphine Lehericey, y de la que hablábamos en estas mismas líneas la semana pasada. Si aquí el argumento se centra en las diferentes relaciones humanas ante las adversidades e inclemencias del tiempo y del escenario rural de hace unos pocos años, en ‘La nube’ se aprecia la curiosidad por someter a los protagonistas a una tortura implacable por luchar contra los elementos de la naturaleza.

La manipulación de las costumbres culinarias en los insectos puede conllevar la inevitable catástrofe. La crianza de saltamontes a granel por su alto valor proteínico para alimentar a otros animales como pollitos o patos, e incluso para consumo doméstico de aquellos enamorados de lo exótico de otras culturas, sirve de base para la trama de su argumento. La búsqueda de nuevas formas de nutrición sostenibles es algo que ya está en nuestras tiendas. Hormigas enlatadas, grillos asados, escorpiones, gusanos ahumados… y una amplia carta de manjares hechos vuelta y vuelta.

En medio de toda esta vorágine culinaria, una madre y sus dos hijos, intentan salir adelante en el abrupto entorno rural, criando saltamontes caprichosos que prefieren cambiar su dieta herbívora por una más rica en glóbulos rojos, hasta crecer como si de una plaga bíblica se tratase.

Suliane Brahi, Marie Narbonne y Raphael Romand, interpretan a esta singular y valerosa familia que se tienen que abrir paso en la vida de la aldea entre deudas y negocios fallidos tras la ausencia del padre. Sofian Khammes es el único apoyo que tienen para continuar adelante en la ardua tarea del campo. Interpretaciones muy dignas para un argumento que no termina de encontrarse cómodo en un sitio más concreto.

‘La nube’ tiene buena fotografía, música de suspense y sonido estremecedor. Los bichitos dan toda la grima que merecen, sobre todo en plan plaga. Pero ya se sabe que cuando el ser humano juega a manipular la naturaleza, es capaz de crear pandemias por una ingesta indebida. Gripe aviar, vacas locas, murciélagos víricos… y demás variantes que puedan estar por llegar. Nunca se sabe, pero la capacidad de sorpresa, ahí está.

Lo mejor: el estado de cierta tensión que te crea, por el chirriante sonido de los saltamontes en ebullición, sus interpretaciones bastante solventes y la puesta en escena.

Lo peor: esperar poder encasillarla en algún género más concreto, parece que está perdida en el drama psicológico, en el terror deslucido, o en una obra de autor que no termina de cuajar.

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