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‘A propósito de Llewyn Davis’: el ‘loser’, por los Coen

A propósito de Llewyn Davis

A propósito de Llewyn Davis

En los albores de la década de los sesenta, Greenwich Village (Nueva York) es un hervidero de jóvenes artistas y músicos de folk en el ambiente bohemio y vanguardista que empieza a fraguarse en la ciudad. En este contexto, Llewyn Davis es otro joven que trata de abrirse camino dentro del folk. Trabajos mal remunerados, hambre, frío y audiciones en sitios de mala muerte son el peaje que hay que pagar para llegar a la cima. Todo cambia cuando el famoso productor Bud Grossman le da una oportunidad.

El talento desbordante es un proceso enigmático. A veces capaz de lo mejor y lo peor. Si a este fenómeno, en bruto, se le une la experiencia de años y años de rodaje, de pergeñar un sello propio e inconfundible a una Filmografía para laurear, sin duda no nos sorprenderá que, años después, Joel y Ethan Coen firmen su mejor obra hasta la fecha.

‘A propósito de Llewyn Davis’ recoge todas las señas del arquetipo del loser made in USA, y los pasa por la turmis de dos Cineastas sobrados, en total plenitud de facultades.

Parece mentira que a estas alturas de su evolución cinematográfica, los Coen sean capaces de alumbrar otro personaje larger than life a la altura de el inolvidable ‘Nota’ de ‘El gran Lebowski’.

Llewyn Davis cobra vida gracias a la excelente interpretación del Guatemalteco Oscar Isaac (atentos a la dedicación al personaje, coronada por sus dotes vocales, ya exhibidas en la, por otro lado, olvidable ‘Sucker Punch’), flanqueado por un montón de intérpretes en estado de gracia (Justin Timberlake -han leído bien- y el siempre bienvenido John Goodman, a la cabeza) y las virtudes de la magnífica recreación de los años 70, que casi podemos respirar y oler desde la butaca.

El perdedor con talento que malvive en cualquier lugar, fiel a sus rocosos principios aunque éstos le cuesten el futuro llena cada minuto de metraje. Pero, como era de esperar, los Coen no se quedan en la superficie, diseccionando las miserias de Llewyn en su habitual tono cómico-caústico, para terminar hablando de mucho más de lo que subyace a simple vista.

Disfrutable de principio a fin, ‘A propósito de Llewyn Davis’ es otra gran película que viene a certificar la buena salud de los Cineastas que se niegan a dejar morir el legado del Séptimo Arte, mostrando todas las cualidades que hacen que merezca tal nombre, incluso en esta aciaga época de músculo visual y poco cerebro.

Todo artista frustrado se verá en parte reflejado en la película, sintiendo cada patético momento en la vida de Davis como un déjà vu.

El titán de la canción que reúne todas las cualidades para triunfar, pero siempre está en el peor momento y lugar.

Cualquiera de nuestros ídolos musicales presentes, pasados o futuros, sin bienaventurados destinos de por medio, podrían ser Llewyn Davis.

Para todos ellos, y cualquiera que disfrute con una película con la P mayúscula… la mejor cara de Joel y Ethan está de vuelta.

Lo mejor: Oscar Isaac.

Lo peor: una (increíble y paradójicamente) olvidable Carey Mulligan.

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