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‘El Castor’: Mel Gibson alcanza la cumbre.

El Castor

El Castor

Hace tiempo Walter Black era un hombre feliz, todo un triunfador, pero al hallarse enfermo de una grave depresión, consigue hallar la salida a su situación en la marioneta de un castor. Black trata al muñeco como una persona real, y siempre que ha de hablar con la gente, incluso con su propia familia, lo hace a través del títere. Al principio, a todos los que le conocen, les resulta muy divertida esta excentricidad, pero se dan cuenta de que esta situación puede llegar a ser perjudicial.

¿Quién le iba a decir al vapuleado Mel Gibson que encontraría otra vez el camino del lucimiento interpretativo?.

Solo cuando termina la proyección de ‘El Castor’ nos damos cuenta de toda su grandeza. La experiencia vital de este hombre sumido en una profunda depresión, que manifiesta sus más oscuros pensamientos, miedos y paranoias a través de una marioneta desastrada, solo son la punta del Iceberg.

‘El Castor’ nos habla sin tapujos de las secuelas de una vida que solo es plena en la superficie, envuelta en los materialismos de una Sociedad Occidentalizada hasta el tuétano. Más allá del éxito tangible, donde la pose del triunfador se difumina, pasando a mostrar la neurosis del hombre moderno, la película de Jodie Foster se hace grande.

Cada plano en que Mel Gibson desnuda su alma a través de el castor, alardeando de un dominio que solo habitan actores con todas las letras, constituye una experiencia para el espectador que (incapaz de resistir las expresiones que dicen todo del señor Gibson) , sucumbe y se ve totalmente atrapado por el peso de la historia.

El lúcido guión de Kyle Pillen pone los puntos sobre las íes, dejando el camino libre para que Jodie Foster se luzca.

Y es aquí donde afloran los peros. Si ‘El Castor’ no es una Obra Maestra indiscutible se debe al conservadurismo en la dirección de la Foster, desbordada por un Proyecto que le viene grande y empecinada en narrar de la forma más lineal y aséptica posible tan tremenda inmersión en los Infiernos de Walter Black.

La sosísima puesta en escena no ayuda, y los secundarios se hunden en la irrelevancia cada vez que Gibson chupa plano.

Pero, por suerte, los pros superan a los contras y ‘El Castor’ da unas cuantas lecciones sobre la importancia de la familia, las mentiras de unas vidas perfectas y la necesidad de recorrer el arduo camino que nos lleve a la felicidad, por muy trillado que esté o lo lejos que nos lleve.

Si existe justicia más allá de los politiqueos, Mel Gibson se llevará el Oscar y cuantos Galardones se le pongan por delante. Pese a su cacareada calidad personal, el Australiano demuestra una vez más ( y van muchas ) que es un actor como la copa de un pino.

Jodie Foster … siga intentándolo. Algún día será una gran Directora.

Lo mejor : Mel Gibson, excepcional.

Lo peor : Una historia de tal calibre pide a gritos otra puesta en escena.

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