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‘Caminando entre las tumbas’: implacable

Caminando entre las tumbas

Caminando entre las tumbas

Matt Scudder, un expolicía de Nueva York, trabaja como detective privado a pesar de que no tiene licencia. Cuando accede a regañadientes a ayudar a un traficante de heroína a cazar a los hombres que secuestraron y asesinaron brutalmente a su esposa, descubre que no es la primera vez que esos hombres han cometido este tipo de crímenes. Entonces decide recorrer las calles de Nueva York para detener a los asesinos antes de que vuelvan a matar.

En los últimos años, Liam Neeson ha hecho suyo el papel de antihéroe vengador. Desde la primera entrega de ‘Venganza’, el actor no ha parado de encarnar personajes al límite pero dispuestos a darlo todo una vez más por algo más grande que ellos mismos.

Sin embargo (descontando la extraña y fascinante ‘Infierno blanco’), a sus películas les faltaba algo que el oficio y presencia de Neeson, a veces, no eran capaces de rellenar.

Con ‘Caminando entre las tumbas’, el Irlandés vuelve al antihéroe pero, esta vez, con sólidos argumentos detrás.

Scott Frank adapta la novela de Lawrence Block  para traernos una cinta  desagradable, implacable, ruda y anclada en una realidad repleta de oscuridad. Un desolador paisaje urbano donde viven los monstruos.

En un momento dado del metraje escuchamos la frase que define a la perfección el lapidario contenido de la película: ‘la gente teme a lo que no debe’.

La cruzada del ex alcohólico Scuder (grandísima interpretación de Liam Neeson, capaz de dotar de la naturalidad necesaria a sus personajes para que resulten creíbles en cualquier situación. Incluso con lo mínimo, siempre cumple) se mueve en los lugares sombríos, más allá de las luces del Nueva York turístico. Este detective sin licencia encuentra una última causa que le ponga en paz consigo mismo y expíe sus pecados.

En tan crudo viaje se enfrentará a los villanos más escalofriantes del género en los últimos años. El prometedor arranque de ‘Caminando entre las tumbas’, nos mete de lleno, sin paños calientes, en la perturbada psique de los asesinos. Y lo hace sin recrearse de forma gratuita. Insinuando lo suficiente como para erizarnos el cabello.

Este no será un viaje cómodo, ni un thriller de malos sobreactuados que nos incomoden un poquito, mueran y ya.

Lo peor de la raza humana, la máxima expresión de nuestra implacable animalidad se encarna en un par de tipos siniestros. Y lo hace, además, usando instrumentos de la vieja escuela. Sin endiablados giros de cámara, golpes de guión inexplicables, coreografías imposibles… aunque no nos guste, aquí las cosas son como son.

Recomendable regreso del letal Neeson. Cuando abandonen la sala… al menos temerán lo que deben.

Lo mejor: no se anda con tonterías.

Lo peor: la amistad de Scuder con el chaval. No hacía ninguna falta.

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