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‘Las ovejas no pierden el tren’: una simpática fábula rural

Las ovejas no pierden el tren.

Póster de 'Las ovejas no pierden el tren'

Luisa (Inma Cuesta) y Alberto (Raúl Arévalo) se han visto obligados a irse a vivir al campo, pero la idílica vida rural enseguida empieza a mostrar su cara menos amable. A pesar de que la pareja no atraviesa por sus mejores momentos, Luisa está obsesionada con tener un segundo hijo, aunque el precio sea el sexo más apático imaginable. Quien ni se plantea pisar el campo es Juan (Alberto San Juan), el hermano de Alberto, periodista en horas bajas que, con 45 años, sale con Natalia (Irene Escolar), una joven entusiasta de 25 años en la que Juan ve una tabla de salvación. Por su parte la hermana de Luisa, Sara (Candela Peña), está acostumbrada a canalizar su ansiedad a través de los hombres, con quienes no acaba de encajar, hasta que aparece Paco (Jorge Bosch), un periodista deportivo que parece incluso dispuesto a llevarla al altar. O eso cree ella.

La nueva cinta de Álvaro Fernández Armero, la primera después de 7 años de ausencia, nos trae una serie de historias cruzadas sobre la madurez, los cambios de mentalidad y la aceptación de cada uno tal y como es.

Contando con un reparto de lujo, como son el nominado al Goya, Raúl Arévalo, Inma Cuesta, Candela Peña o Alberto San Juan, la película se atreve a aventurarse en una mezcla de comedia costumbrista y una fábula dramática rural, y la verdad es que no lo hace del todo mal, aunque se queda en algo bastante simple.

Por un lado, tenemos la historia de Alberto y Luisa (Raúl Arevalo e Inma Cuesta), que se van de la gran urbe madrileña a un pequeño pueblo, con el choque cultural que esto conlleva. Esta historia es la más interesante y bien contada, pues realmente consigue que nos creamos sus desventuras por lo realistas y cercanas que son. Por otra parte está Sara (Candela Peña), la hermana de Luisa, que con su egocentrismo y visión obtusa de la realidad será la que ponga la parte de mejor comedia y también los tintes más dramáticos de la película. La verdad es que Candela Peña es lo mejor de la película, logrando que empaticemos con su personaje en todo momento.

Uno de los peros que tiene ‘Las ovejas no pierden el tren’ es la historia de Juan (Alberto San Juan) y Natalia (Irene Escolar) ya que, aunque la joven actriz intenta todo lo posible para salir bien parada, nos produce ganas de que corten esta trama sobre un cuarentón enamorado de una veinteañera y a la que intenta seguir el ritmo de vida.

La dirección de Armero es correcta y sencilla, sin complicaciones… pero el guión no da para más.

Lo mejor: Candela Peña y la trama del pueblo.

Lo peor: se queda en una película bastante simplona.

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