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‘Escuadrón suicida’: la hipocresía de Warner

Nuevo póster de Escuadrón Suicida destacada

Protagonistas reunidos para el cartel de 'Escuadrón suicida'

Qué bien sienta ser malo… Reúne a un equipo con los más peligrosos y encarcelados Súper Villanos, pon a su disposición el arsenal más poderoso del gobierno, y envíalos a una misión para derrotar a un ente enigmático e invencible. La oficial de inteligencia de EE.UU. Amanda Waller ha creado un grupo secreto que reúne a individuos diversos y despreciables que no tienen nada que perder, y que servirán perfectamente para la misión. Sin embargo, una vez se dan cuenta de que no habían sido escogidos para triunfar, sino por su evidente culpabilidad cuando fracasen de forma inevitable, ¿decidirá el Escuadrón Suicida morir en el intento o será un “sálvense quien pueda”?

Primero, despejemos la duda principal: ‘Escuadrón Suicida’ es una experiencia cinematográfica más satisfactoria, divertida y coherente que ‘Batman v Superman’.

Lo que no significa, en absoluto, que hayan dado en el clavo con la adaptación, pues aqueja de un buen número de problemas que se cimentan sobre un triste pilar: en Warner Bros Pictures son unos hipócritas.

Tanto hablar de las enormes diferencias entre ellos y Marvel, de la seriedad de sus héroes, de ese largo etcétera con que actores, cineastas y mandamases de la casa atizan a su competidora directa sintiéndose superiores… para luego pervertir lo que haga falta, con tal de hacer la caja que hace Marvel con las fórmulas de Marvel (aunque en modo amateur), y nada más.

‘Qué bien sienta ser malo’; ‘ lo peor de lo peor’; ‘los peores héroes de la historia’.

Así nos han vendido con la inmensa campaña de publicidad la incursión en la gran pantalla del Escuadrón Suicida… un sinfín de eslóganes y creatividades enfocadas a pensar que, en esta ocasión, Warner soltaría la correa a David Ayer y el director tendría la oportunidad de hacer la película violenta, oscura y gamberra que una panda de malnacidos merece.

Nada más lejos de la realidad.

‘Escuadrón Suicida’, ladra pero no muerde. Y no lo hace porque Warner y su hipocresía tienen demasiado miedo de presentar a unos tipos que destilan locura y maldad sin filtros, pero también un inagotable carisma que, siendo fieles al material original, desembocaría en la genial película que pudo ser, y no fue.

Tras un prólogo muy interesante (excelente en el apartado musical), donde Ayer se toma su tiempo en presentar a algunos componentes del Escuadrón mientras otros se quedan en meros bustos parlantes a los que matar desperdiciando recursos (no te molestes en fichar a la élite de lo peor, Amanda Waller, si vas a eliminarla de la forma más tonta posible), la película se desinfla como un globo perdiendo helio.

Desde el inicio, contemplamos con suma tristeza cómo la Major cercena a varios personajes perfectamente definidos en los cómics, en favor de no ganarse una calificación por edades que les limite el recorrido taquillero, o herir el hipertrofiado ego de la estrella de turno.

O eres lo peor de lo peor… o no lo eres.

El Deadshot de Will Smith no es Deadshot, sino Will Smith y su imagen de marca embutidos en el uniforme de Deadshot. Cuando el personaje se adapta a la estrella, padecemos a un buen y carismático actor desvirtuando un papel que es oro puro, para que nadie le acuse de carecer de corazoncito y ser un papi asesino chupiguay.

Este Deadshot es tan improbable, y hace tanto daño a la película, que entre otras cosas tiene su ‘momento Martha’ tan simplista y vergonzoso como el protagonizado por Batman y Superman: cambiar de parecer porque un tipo al que odias te guarda las cartas que te escribe a diario (con dibujos y todo), tu hijita. ¡Menudo esfuerzo!

Mientras que Harley Quinn es de lejos la mejor de la película (la inmensa Margot Robbie se hace con el personaje, comiéndose al resto del reparto), la ya mencionada hipocresía de Warner y un montaje maltratado por las manazas del estudio, convierten la relación entre esta y el Príncipe Payaso en una historia de amor sincero pero enfermizo, y no en un vínculo de pura violencia y amor malentendido entre el maltratador y la maltratada, que es la base para entender la dinámica de la pareja en su referente comiquero.

En este cobarde cambio de rumbo, el otro gran personaje del show, el Joker de Jared Leto, pierde entidad y presencia en pantalla.

A estas alturas pocos dudarán del trabajo actoral de Leto. En los escasos siete minutos en los que aparece, maltratado también por el nefasto doblaje de la versión española, se saca de la manga un par de impactantes escenas para el recuerdo, cien por cien Joker. Sin embargo, la sensación final es de un trabajo inacabado (al parecer, ocultado por el estudio, pues se filmó mucho metraje extra), y un Joker más cercano al Payaso que al Príncipe.

El resto del elenco tiene sus momentos de lucimiento, pero en el dibujo de los personajes impera el trazo grueso. Además, se desperdicia el enorme potencial de la mayoría (El Diablo, La Encantadora, Killer Croc, el Capitán Boomerang, Katana) hasta el punto de cambios de comportamiento instantáneos y alentados por NADA (el sacrificio de El Diablo por su ‘familia’, es un chiste muy doloroso).

Mención aparte merece la víbora Amanda Waller (Viola Davis), líder de Argus, jefa del Escuadrón y motivo por el que, de encontrarse, el Nick Furia de Samuel L. Jackson y Marvel se mearía en los pantalones.

Aquí David Ayer se encuentra en su salsa, sacando jugo a una hija de Satanás sin filtros, que hace lo que sea para conseguir sus objetivos. Si todos los demás tratamientos fueran tan fieles, otro gallo cantaría en la valoración final del ‘Escuadrón Suicida’.

Por último, la amenaza a la que se enfrentan los anti-héroes es otro de los lastres de la cinta. No solo por la enésima vez en que el mundo se encuentra a punto de ser destruido, sino por su enorme parecido visual con otras películas (‘Matrix’, ‘Al filo del mañana’, ‘Cuatro fantásticos’).

Una fuerza de élite como esta merece un villano peor… que lo peor. Uno reconocible a primera vista, sin amasijos de hierro ni soldados zombis que caen como fichas de dominó. Uno que resquebraje los cimientos de cada miembro del Escuadrón, que encarne la esencia misma del mal y les lleve al límite en todos los sentidos.

Para Warner, un consejo: si quieren diferenciarse de Marvel, háganlo de veras, y sean coherentes con el camino elegido, como lo son Stan Lee y compañía.

Lleven su universo hasta las últimas consecuencias, siendo fieles a los personajes de DC, que están llenos de matices y son lo suficientemente ricos como para brillar por sí solos, sin caminar a rebufo de la Casa de las Ideas, impostar oscuridades, decir blanco y hacer negro. Si tan importante proceso les lleva un tiempo (‘Los Vengadores’ no llegaron en dos días) y tienen que pasar unos años hasta poseer un universo cohesionado, coherente y con identidad propia… mejor ir sin prisa, pero sin pausa.

Como sigan fijándose en lo que hacen los demás y se enroquen en la hipocresía, nunca serán lo que pretender ser, y merecerán cada crítica constructiva que reciban por deambular en contra de sus propios intereses.

Lo mejor: Harley Quinn, la selección de canciones y el agradecido sentido del humor.

Lo peor:  todos los problemas de la película no tienen nada que ver con el Escuadrón, sino con la hipocresía de un estudio incapaz de coger al toro por los cuernos y arriesgarse a asumir su propia identidad.

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