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‘En mil pedazos’, dolor sin anestesia

James Frey, un joven adicto a las drogas, se somete a un tratamiento de desintoxicación en una clínica de Minessota, donde debe enfrentarse a la realidad de su situación y tomar duras decisiones sobre su vida.

Entre la clásica ‘Trainspotting’ de Danny Boyle y la más reciente ‘Identidad borrada’ de John Edgerton, hay una gran paleta de historias con todos los colores abordando la terrible lacra que supone el mundo de la drogadicción. Personajes atrapados entre la renuncia del mundo real y el perpetuo conflicto con su propia alucinación. Si bien al autor del propio libro le sirvió para fabricar parte del relato inventando las lagunas biográficas de su propia experiencia para convertirlo en best seller, en la película queda más que justificada cierta tendencia onírica por los desequilibrios constantes a los que se ve sometido su protagonista. En ambos casos estamos hablando de la misma persona.

La fotógrafa y cineasta Sam Taylor-Johnson (‘Cincuenta sombras de Grey’, ‘Nowhere boy’), junto a su pareja y protagonista Aaron Taylor-Johnson (‘Animales nocturnos’, ‘Vengadores: La era de Ultrón’, ‘Godzilla’), han guionizado conjuntamente las supuestas memorias del escritor de la novela, James Frey, desde una perspectiva más creativa para el lenguaje cinematográfico. La directora utiliza su experiencia visual en el mundo de los clips y del videoarte para realizar un magnífico manual de instrucciones para una rehabilitación de la drogodependencia, “alimentando el alma sin terminar de destruirla”. 

‘En mil pedazos’ cuenta con un Aaron Taylor-Johnson muy eficaz en el papel protagonista y haciendo gala de un extraordinario despliegue de recursos para interpretar el dolor que representa la abstinencia sin anestesia alguna. Su vía crucis particular se inicia desde uno de los puntos más bajos en los que el ser humano se desvanece como tal, una especie de zombi adictivo en el autoengaño.

En su calvario particular está acompañado por actores de la talla de Charlie Hunnam, Billy Bob Thornton, Giovanni Ribisi y Juliette Lewis, a los que se les echa en falta algo más de desarrollo en sus personajes. Aunque esta carencia se viene a suplir con la excelente interpretación de Odessa Young (‘The Professor’, ‘Nación salvaje’), como acompañante de aventuras para vencer el mono.

‘En mil pedazos’ es una clara historia de superación o de muerte cuando ya se han pasado demasiados límites y los personajes se encuentran recluidos en una prisión mental. Logra transmitir la agonía de vivir con el dolor de la abstinencia, la dureza que supone la pesadilla de no poder discernir entre realidad y ficción, y la degradación física terminal por estar sumergido en “esa mala racha”.

Con vocación de película indie, se habla de la redención cuando el espíritu se ha hecho añicos y esas personas perdidas llegan a abrazar el “Tao Te Ching”, los doce pasos o cualquier otro clavo ardiendo con voluntad para poder salir del pozo, buscando el frágil perdón en las personas a las que se ha dañado.

 Así como la técnica japonesa del kintsugi consiste en reparar aquellos objetos dañados cubriendo sus cicatrices con polvo de oro para ensalzar su belleza rota, ‘En mil pedazos’ propone el cariño y el amor limpio (sobre todo libre de toxicidad), para arreglar almas abandonadas y hacer las paces consigo mismas en el reinicio del camino de salida.

Lo mejor: la cruda textura y la pareja protagonista, y ese ánimo de esperanza que pueda ejercer en personas que se vean inmersas en circunstancias similares.

Lo peor: que como siempre la realidad supera la ficción… y que te sepa a poco las interpretaciones del resto del reparto.

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