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‘Estafadoras de Wall Street’, memorias de stripper

Inspirada en hechos reales. Un grupo de strippers se une para estafar a sus clientes, ricos magnates de Wall Street. Cuando Elizabeth, una periodista del New York Magazine, comienza a investigar, ellas verán peligrar su negocio y tendrán que afianzar su lealtad por encima de la envidia y la avaricia.

La quiebra de Lehman Brothers ha supuesto la mayor crisis financiera mundial. Wall Street cayó estrepitosamente y de ahí, como efecto dominó, el resto de mercados de todos los países. La sobrevaloración de los productos y la especulación del sector inmobiliario e hipotecario hicieron estallar la burbuja creada para mantener a unos cuantos analistas financieros sin demasiados escrúpulos a costa de toda persona que dispusiera de un mínimo capital que poder saquear. Una crisis de la que a pesar de que muchos insistan en que es agua pasada, sobre todo quienes aprovechan el rebufo del miedo a la recesión para incrementar sus arcas, sigue haciendo mella en la mayor parte de la población.

‘Estafadoras de Wall Street’ viene a ser una adaptación muy libre entre el flautista de Hamelín y Robin Hood, protagonizada por mujeres y de buen ver, pero con el matiz de no repartir el dinero entre el pueblo oprimido. La moraleja fílmica del refrán “quien roba a un ladrón…”, algo más ligero de vestuario.

Lorene Scafaria dirige y escribe con buena mano y talento este relato basado en el artículo de la periodista Jessica Pressler, modificando los nombres de sus protagonistas y orientando la trama hacia una historia de amistad. El resultado podría definirse como una versión femenina y muy suavizada de una película de Scorsese sobre una banda de chicas organizadas para desplumar a los pollos financieros con métodos poco ortodoxos. La máxima del “todo vale” para atraer grandes sumas del dinero saqueado por los lobos de Wall Street cuya “operación más honesta del día será pagar a una stripper por la noche”.

Destiny (la televisiva Constance Wu), describe a modo de memorias, a golpe de grabadora, los acontecimientos que forjaron una amistad, hasta que el modus operandi del dream team desvalijador (principalmente de tarjetas de empresa, algo así como las conocidas “black” de nuestras cloacas financieras), se les fue de las manos. Una serie de entrevistas donde confiesa sus inicios en la vida real de una chica de fantasía, en la que todo el mundo va chupando de lo que ella saca con sus bailes, y cómo poco a poco va subiendo las expectativas tras su alianza con Ramona (Jennifer López, más cercana a su mundo de videoclip, y con unas cuantas sesiones de “pole dance”).

Es curioso que además de enumerar las diferentes tipologías de víctimas, y de los nombres para cada una de las coreografías de la barra de acrobacias, resulte extraño en una película tan abierta como la presente que ellos sean los lobos de día y ellas las reinas de la noche, sin caber opción de loba o rey alguno en medio de tanto cuento financiero.

Además de Julia Stiles como periodista, en ese universo de caras bonitas y cuerpos sensuales destacan Keke Palmer, Lili Reinhart, Cardi B, Lizzo y un sin fin de sugerentes y glamurosas hermanas postizas aficionadas a la pesca para llegar a ganar más pasta que un neurocirujano antes de la crisis, y con menos posibilidades de que el paciente sedado se le quede muerto tras el encuentro. En cuanto a su banda sonora, son todos temas recopilados que van desde Janet Jackson, 50 Cent, Remy Ma, Britney Spears, David Guetta, y otros similares que contrastan con las notas de piano de Chopin imprimiendo cierto toque de serenidad y hasta solemnidad.

‘Estafadoras de Wall Street’ es un cúmulo de acrobáticos bailes de neón, lluvia continua de dólares, y cuerpos esculpidos para el deseo que someten a sablistas financieros calzando zapatos de lujo con número ajeno. Una moraleja tan sencilla y directa como que “todo el país es un club de striptease: unos lanzan dinero y otros bailan”, sin nada más que añadir.

Lo mejor: el ritmo que marca esta historia de vendetta económica, el entrenamiento de sus principales protagonistas y la pregunta en los labios de la López si “¿el dinero no te pone cachonda?”.

Lo peor: a pesar de que te divierte y de que llegues a sentir alguna afinidad con este grupo de “gente herida que hiere a otros”, lo cierto es que te puede dejar un poco fuera de juego.

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