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‘John Wick. Capítulo 3 – Parabellum’: estetas del caos

Póster de John Wick. Capítulo 3 - Parabellum

El asesino de élite John Wick (Keanu Reeves) está huyendo. Ha matado a un miembro del gremio internacional de asesinos y el precio por su cabeza asciende a 14 millones de dólares. John Wick se ha convertido en el objetivo de los hombres y mujeres más despiadados de todo el mundo.

Desde el 2014, el indiscutible líder del cine de acción es John Wick, con un letal Keanu Reeves y un director, Chad Stahelski, que ha sabido aumentar la espectacularidad de la franquicia capítulo a capítulo, hasta el que nos ocupa.

‘Parabellum’, mantiene el camino marcado por la primera, y aumentado en la segunda, convirtiéndose en otra obra de arte del cine de acción que eleva aún más el listón de las coreografías.

No es John Wick una saga que, en su carga dramática, deba preocuparnos demasiado. Las órdenes de asesinos son inverosímiles, y los detalles de la nueva entrega que ahondan en el pasado de Wick, también.

En este aspecto, los síntomas de agotamiento son evidentes, aunque conlleven algunas coñas autoparódicas bienvenidas.

Se añaden piezas al tablero que exudan estilazo (Anjelica Huston, Asia Kate Dillon), pero no son más que pretextos para que Keanu y Chad lleven el espectáculo a niveles inéditos y localizaciones como Casablanca, con Wick acompañado de nuevos asesinos que le hagan los coros de la violenta ópera (la imparable Halle Berry y sus perros y Mark Dacascos, en un papel hecho a su medida).

Lo que hace destacar a esta franquicia sobre cualquier otra del género (solo el continuo afán de superación de Tom Cruise y su agente Hunt le hacen sombra), es la excelente épica de sus set pieces: en ‘Parabellum’ John Wick la lía a pie, a caballo (coces con slapstick incluidas), a rastras, en moto; con pistolas, cuchillos, hachas, ametralladoras, cuerpo a cuerpo con lo que tenga a mano; por el desierto, en alucinantes interiores (la sala de espejos de la segunda entrega se queda en nada respecto a lo que disfrutamos aquí) y apabullantes exteriores.

La genial fotografía de Dan Laustsen ensalza la épica y el estilo de la cinta, con Keanu Reeves dándolo todo una vez más, y los cadáveres contándose por centenas.

Hará, sin duda, las delicias de los fans del lacónico asesino y su mascota, pero también de cualquiera que disfrute del cine de acción mayúsculo, decidido a superar los límites de la sin par orgía de sangre, guantazos y balas… muchas muchas balas.

Si vis pacem, para bellum… Lo que serán capaces de hacer en la cuarta entrega, estoy deseando verlo.

Lo mejor: la intachable acción (inconfundible sello de la franquicia), Keanu Reeves y Halle Berry.

Lo peor: el evidente agotamiento dramático.

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